¿Nación cristiana?

Nuestra educación colonizada, siempre promovió la idea de Estados Unidos como una “nación cristiana”. La frase resonaba importancia casi sagrada: familias saliendo de templos en los domingos y una promesa silenciosa de que aquí las cosas se hacían con justicia y compasión. No hace falta mucho esfuerzo para entender que la idea de “nación cristiana” es solo una descripción aspiracional —o un mero espejismo. Tal vez ahí radique nuestra tensión más profunda: la distancia entre lo que proclamamos y lo que practicamos.

Becerro dorado

Mientras Moisés subía al monte a recibir los mandamientos, el pueblo de Israel se impacientó. Querían algo tangible, algo que brillara, algo que pudieran ver y tocar. Así que fundieron su oro y construyeron un ídolo. Cuando Moisés bajó y vio lo acontecido, su furia fue terrible. Hoy estamos presenciando la misma escena. Solo que nuestro becerro de oro no es una estatua en el desierto. El oro no es metáfora: es literal.

Parí un ratón

Esta semana me sentí como si hubiese parido un elefante. Probablemente no llega a ratón, pero se sintió más fuerte. Acabo de publicar mi marco de referencia o fundamentos para el éxito académico. Lo titulé Four Girders Framework. No es algo muy original o innovador. Pero como cualquier retoño producto de nuestro esfuerzo se siente como haber parido.

Manafort y la (in)justicia

Cada semestre comparto con mis estudiantes un TedTalk del abogado de derechos civiles Bryan Stevenson. En él Stevenson hace una declaración que cada vez cobra más relevancia. En los Estados Unidos el antónimo de justicia no es injusticia; lo opuesto a la justicia se llama pobreza. La sentencia leniente que acaban de adjudicarle al magnate Paul Manafort pone de manifiesto esta cruda realidad.