Las manos de mi viejo


Hoy habrías cumplido 86 años, pero decidiste partir un día antes,
quizás para no vernos llorar en tu cumpleaños.
Viejo, mi querido viejo.

No vengo a ofrecerte lágrimas, aunque se me escapan sin pedir permiso.
Tampoco traigo un poema ni una canción.

Hoy solo quiero rendirle homenaje a tus manos.
Esas manos fuertes, curtidas por el sol y el surco,
y a la vez tan suaves y delicadas.
Las que con tanto amor cultivaron la tierra que nos vio nacer.
Las que me sostuvieron cuando aprendía a caminar.
Las que se alzaban para darme la bendición.

Pero el corazón roto me deja sin palabras propias,
así que tomo prestadas algunas de Corretjer:

Gloria a las manos que el ganado cuidaran.
Gloria a las manos que el tabaco, que la caña, y el café sembraran.
Gloria a las manos que los pastos talaran
Gloria a las manos que los caminos trabajaran…
Para ellas y para su patria, ¡Alabanza! ¡Alabanza!


Todavía quedan surcos por sembrar y caminos por trabajar.

Seguiremos creando y abriendo caminos sin ti, querido viejo,
pero tus manos vivirán por siempre en las nuestras.

Lo que forjemos tus hijos, tus nietos y tus nietas será también tuyo.

Porque lo hicimos gracias a tu amor, a tu ejemplo, y a tus manos.

Viejo, bendición.
Descansa en paz.